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Cada obra recrea su mundo y cada canción tiene su lugar en Buenos Aires.

Ya se sabía como podían acabar esos diálogos, íbamos a  beber un poco más de cerveza y  nos iríamos pensando que eso nunca terminaría, porque lo bueno nunca se valora lo suficiente, ni siquiera se tiene en cuenta. Buenos Aires, sus nubes recurrentes y la reunión de amigos en el mismo lugar.

Jamón, morrones, fugazza , empanadas, Rivadavia en su cauce cobra miles de nombres al 8800 se llama  moscato , pizza y faina, bautismo popular que le dio una canción que nació en la misma cuna: Floresta.

Lejos de las luces y disposiciones esquemáticas de las grandes pizzerías porteñas, un horno a leña deleita a los que saben degustar una buena porción pizza. Son pocas las mesas en el pequeño local de “La universal”,algunos prefieren comer parados junto al mostrador  y espiar el televisor 20 pulgadas. Su dueño prepara cajas de cartón y algunas motos esperan el pedido.

Las porciones son crocantes, invitan a volver a servirse, el flan mixto es  indiscutible para los que saben distinguir el sabor de un postre casero. Un mozo alcanza para atender a los numerosos clientes porque el lugar es chico, todo se mantiene pulcro  y todo transcurre en el ritmo de barrio que  es parte del cruce de Olivera y Rivadavia. En la esquina de la misma calle como contrapartida una pizzería ofrece otra alternativa, el lugar es amplio, las luces son muchas y hasta tiene su sector fumadores. Buenos Aires es así, ecléctica, diferente y contradictoria. Donde parece que no pasa nada, donde el colectivo dobla todos los días, transcurre la vida y la muerte, a dos cuadras de la pizzería de la canción de Memphis  el ex garage Olimpo guarda malos recuerdos de los años de plomo.

Desde los años cuarenta ,la grande de moozarella de La Universal tiene su lugar en la ciudad, el local cambio de dueños pero no cambio su especialidad. Calabresa, Roquefort, Napolitana, pizza rellena y la tradicional  torta de ricota son otras de los platos ofrecidos.

Dos o tres amigos y algunas parejas comen sin preocuparse en el lugar que luce orgulloso un recorte de diario que la menciona como parte importante de la metrópoli y que en su imán para heladera retoma la frase inmortalizada por el blues.

Barrio por barrio, con el alma a veces bien y otras mal, la gente circula, conoce y olvida porque como sabe decir Mario Benedetti “Y no obstante siempre hay quien se resiste a irse sin gozar, sin apogeos sin brevísimas cúspides de gloria sin periquetes de felicidad”.Como todo lo que somos ¨ la Universal ¨ existe mas acá del horizonte.