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Se extenderán todos los fines de semana de febrero, incluyendo el histórico feriado de lunes y martes que se celebra el 12 y 13 de febrero. Las murgas, parte de la identidad común carecen de una historiografía medianamente unificada sin embargo el carnaval porteño tiene un pasado que merece ser contado.

 

 

Más de 30 esquinas, avenidas y plazas porteñas, comienzan con el mes  los festejos de carnaval en la Ciudad de Buenos Aires, que se extenderán todos los fines de semana de febrero, incluyendo el histórico feriado que tanto costó recuperar de lunes y martes que se celebra el 12 y 13 de este mes.Desde 2011 los murgueros y celebrantes festejan de los  días que la Dictadura había prohibido.

En la antigüedad, el carnaval esta la celebración estaba vinculada a  las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios romano del vino. Siempre fueuna fecha marcada por la exuberancia, el derroche y la anulación de los límites morales (principalmente en las comidas, las bebidas y el sexo)..En  el  Medioevo este festejo es tomado bajo el manto del cristianismo ya que según la iglesia católica el término Carnaval proviene del latín medieval carne-levare ("abandonar la carne") refiriéndose a la prohibición religiosa de consumir carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma .

Baile con historia

En la ciudad de Buenos Aires el carnaval es una antigua tradición traída a nuestras tierras por los conquistadores ,en toda América el carnaval incorporó elementos aborígenes.En el Río de la Plata, los esclavos negros se congregaban junto a sus amos para este celebrar este festejo en el siglo XVII. Arrojarse agua fue la costumbre más extendida en estos pagos,los bonaerenses se mojaban los unos a los otros; ricos, pobres, blancos y negros, esclavos y señores.

La máscara y el disfraz invitan a la confusión de lugares sociales y hasta la de sexos, esclavos disfrazados de señores y al revés, hombres transformados en mujer, etc. Por esta suspensión de lo establecido muchas veces se lo tildó de subversivo. En 1771, el gobernador Juan José Vertíz, estableció los bailes de carnaval en locales cerrados, a fin de atenuar las inmorales manifestaciones callejeras de los negros. En 1772, un grupo de personas molestas por los bailes que se celebraban antes de la cuaresma, y de los excesos que ocurrían en ellos, llevaron su descontento ante el rey de España. El monarca, envió dos órdenes a Vértiz, por las cuales prohibía los bailes y le encargaba que: arreglase las escandalosas costumbres en que había caído la ciudad. Vértiz, protestó ante el rey contestando que como se bailaba en España, también se lo podía hacer en Buenos Aires. Pero, Carlos III promulgó una ley el 16 de diciembre de 1774, en la cual prohibía los bailes de carnaval, alegando que él nunca los había autorizado en las Indias pero no se respetó esta prohibición.

Luego, el virrey Cevallos publicó un bando prohibiendo los festejos de carnaval.En 1795 el virrey Arredondo promulgó el bando acostumbrado prohibiendo “los juegos con agua, harina, huevos y otras cosas”.

Como sucede actualmente el carnaval se recicla, revitaliza, y también adopta modos de resistencia, las murgas barriales son instrumentos de integración.Tras la revolución de 1810, se volvió común entre la población, especialmente entre las mujeres, jugar con agua. Para lo cual, preparaban originales recipientes, los más usados eran los huevos, a los que vaciaban de su contenido practicándoles dos agujeritos en los extremos, y luego, tras haberlos rellenado con líquidos, los tapaban con cera. También usaban como recipientes las vejigas de los animales, en particular las de los cerdos, que atiborraban de agua. La aguas podían ser claras y perfumadas, pero casi siempre eran coloreadas, sucias y malolientes.

En los tiempos de Rosas, el carnaval fue esperado con entusiasmo, en especial por la gente de color, protegidos del caudillo. En 1836, sólo se permitía el juego con agua durante los tres días de carnaval, y el horario era anunciado desde la Fortaleza (actual Casa Rosada) con tres cañonazos al comienzo, 12 del mediodía, y otros tres para finalizar los juegos, al toque de oración (seis de la tarde). También se permitieron las máscaras y las comparsas, previa autorización de la policía. Pese a las reglamentaciones de la época rosista, las costumbres del carnaval también fueron cayendo en excesos. Jinetes, disfrazados con plumas rojas en la cabeza y moños en las colas, aparecían sorpresivamente en la ciudad, arrojaban huevos de avestruz llenos de agua, cenizas y desperdicios; y se aprovechaban de las mujeres que jugaban al carnaval, manoseándolas, rompiendo sus ropas y hasta abusando de ellas. Rosas mismo, luego de haber fomentado el carnaval, lo suprimió por decreto el 22 de febrero de 1844.Las celebraciones se reanudaron en 1854. Pero el carnaval volvió más reglamentado que antes, se realizaban bailes públicos en distintos lugares de la ciudad, previo permiso policial. Por esos años, en barrio Montserrat surgieron las primeras comparsas, éstas organizaban los desfiles y usaban un repertorio previamente ensayado, como en los candombes. A través de las comparsas se emitían toda clase de críticas a los gobernantes.La historia dice que los carnavales porteños más brillantes se vivieron durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento. El mandatario, era un gran adepto al carnaval y no le molestaba si le arrojaban agua cuando era presidente.

En 1869 se realizó el primer corso en la calle de la Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen). Tenía 5 cuadras: llegaba hasta la plaza de Lorea. Participaron 16 comparsas tocando guitarras, violines y cornetas. Se comentó que el mismo presidente Sarmiento había asistido con un gran poncho y cubierta la cabeza con un chambergo.A fines del siglo XIX, pese a la ordenanza que prohibía arrojar agua en los días de carnaval, se hicieron famosos los pomos cradwell, que se vendían en la farmacia Cradwell de la calle San Martín y Rivadavia. Estos arrojaban agua perfumada.

A principios de Siglo XX cada barrio tenía su murga organizada por vecinos y comerciantes y se llevaban a cabo por agrupaciones de jóvenes artistas que, junto con los músicos y las mascaritas, animaban la jornada. Las plazas y las fachadas de los edificios se adornaban con guirnaldas, banderines y lamparitas de colores.La Avenida de Mayo albergó al corso oficial de la ciudad que se extendía. desde las calles Bolívar y Buen Orden (actual Bernardo de Irigoyen); hasta Luis Sáenz Peña. También en los bosques de Palermo se realizaban fastuosos desfiles de carruajes, evento al que se denominaba “Corso de Flores”.Para quienes preferían un ambiente más selecto, se celebraban bailes en el Jockey Club y el Club del Progreso. También los teatros como el Opera, el Politeama, el Marconi y el Smart, se convertían en salones de baile. La orquesta se situaba sobre el escenario, y los palcos se alquilaban.

En los años 30, las agrupaciones de carnaval de los barrios, pasaron a tener nombres paródicos, acompañados del nombre del barrio de origen: Los Eléctricos de Villa Devoto; Los Averiados de Palermo; Los Criticones de Villa Urquiza; Los Pegotes de Florida y Los Curdelas de Saavedra, son algunas murgas de aquella época.Entre las décadas del 40 y 50, algunas orquestas de tango animaron también los “8 Grandes Bailes 8”: Francisco Lomuto; Alfredo De Angelis; Juan D’Arienzo; Aníbal Troilo “Pichuco”; Carlos Di Sarli; Osvaldo Fresedo entre otros.

En 1976, a través del decreto 21.329,Jorge Rafael Videla, derogó el artículo primero del decreto ley por el cual el lunes y martes de Carnaval eran feriados nacionales.En 1983, con el retorno de la democracia, las calles de Buenos Aires, retomaron la  celebración pero sin feriados.Actualmente, las murgas mantienen viva la pasión por la parodia, los disfraces y el sonar del bombo. Muchos jóvenes artistas del teatro, la música y la danza han retomado la estética dando difusión a la celebración en distintos centros culturales.

Desde las 19 y hasta las 2 de la mañana de los sábados y hasta la medianoche de los domingos, habrá corsos en los barrios de La Boca, San Telmo, Palermo, Pompeya, Lugano, Mataderos, Liniers, Boedo, Caballito, Almagro, Barracas, Abasto, Balvanera, Flores, Colegiales, Paternal y Coghlan.Más de 100 murgas desfilan con coloridos trajes y su música.Así volverán a ser la figura principal de la celebración del dios Momo marcando la identidad y tradición porteña de esta fiesta popular.