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El 10 de enero se conmemoró el Día de la Mujer Migrante de la Ciudad de Buenos Aires con más de 100 feministas en la Legislatura Porteña, al reclamar justicia por el crimen de Marcelina Meneses y su bebé en 2001, quien tras ser insultada por su condición de mujer boliviana, fueron arrojados de un tren en movimiento por un pasajero. La diputada María Bielli, convocante del encuentro habló con Comunicante de Hoy- Programa de Radio.

La legisladora convocante declaró:Fue  un acto de odio xenófobo .Es muy importante que este día nos encuentre con un montón de mujeres que  desde distintas organizaciones de migrantes y sociales, han pasado cuatro años con un  gobierno nacional  que hizo su situación muy difícil. Porque no solamente los ha dañado como colectivo materialmente sino también simbólicamente considerándolos un chivo expiatorio.

Agregó:A Marcelina, la recordamos en una ronda con mujeres que luchan y reuniéndonos con personas que trabajan en distintos ámbitos por los derechos en la Ciudad de Buenos Aires .Asimismo reflexionó: Al día de hoy no hay culpables lo que se sabe es por un testigo que las autoridades del tren de ese momento intentaron sobornar. Lo más importante es que ese acto terminó en tragedia pero conductas como esta son parte de lo cotidiano, un cambio de gobierno necesita reconocer los derechos de las y los migrantes, y que no naturalicemos los hechos de violencia.

A partir de la sanción de la ley 4409/2012 en la Legislatura Porteña, que declaró el “Día de las Mujeres Migrantes”, se sigue reclamando. Pasaron casi dos décadas y gracias a la ineficacia del proceso judicial los asesinatos siguen impunes.El testimonio más conmovedor del encuentro fue el Isabel Reina Torres, la cuñada de Marcelina Meneses, propuso que el Día de la Mujer Migrante, que se conmemora a nivel de la Ciudad de Buenos Aires, se extienda a nivel nacional. Contó que "Marcelina migró a la Argentina en busca de generar ingresos para ayudar a su hija con problemas de salud que residía en Bolivia" y que su hija no quiere pisar Argentina por lo acontecido con su familia. Reyna Torre es la directora de la secretaria de Migrantes del municipio de Quilmes.

Las mujeres referentes de distintas colectividades se reunieron en el salón Arturo Jaroche de la Legislatura porteña y hablaron de las dificultades que viven todos los días por el racismo y el machismo. Del evento participaron la diputada Paula Penacca, y Tania Sánchez, ex directora del Servicio Plurinacional de la Mujer de Bolivia.

Bielli también resaltó que “en un momento político de la región muy convulsionado, hoy se cumple un mes de una gestión nacional que vino a poner un freno a las políticas de odio de los últimos cuatro años”.

La ex directora del Servicio Plurinacional de la Mujer del gobierno de Evo Morales, Tania Sánchez, refugiada en Argentina contó “En Bolivia hubo una transformación económica y cultural con la reforma de la constitución. Las protagonistas de ese proceso fueron las mujeres”, afirmó y denunció que desde el golpe del estado las agresiones y la persecución a mujeres indígenas se recrudecieron en el país andino.

Por último Bielli se refirió a los incendios acontecidos en Villa 31 a principios de mes:Creemos que la gestión de la ciudad tiene en su lógica ciudadanos de primera y de segunda, ya que después de la Feria judicial seguramente habrá nuevos desalojos. Por eso le exigimos a este gobierno que no piense en políticas públicas que privaticen tierras públicas sino una verdadera política habitacional”.

Impunidad de un femicidio

Crimen sin condena

El 10 de enero del 2001, Marcelina Meneses subió al tren Roca junto con su bebé de 20 meses, con el fin de llegar al Hospital Fiorito de la ciudad de Avellaneda, ubicado en el sur de la Provincia de Buenos Aires.

Marcelina subió al tren con varias bolsas en un brazo y su bebé en el otro. En el recorrido, sin querer rozó a otro pasajero con la bolsa, procediendo éste a insultarla: “Boliviana de mierda, ¿no mirás cuando caminás?”.

Alguien empujó a Marcelina y a su bebé del tren. Los cuerpos aparecieron sin vida junto a las vías del ex Ferrocarril Roca, antes de llegar a la Estación Avellaneda.

Julio César Giménez, quien fue testigo en la causa, contactó a la familia de Marcelina, a través de los carteles que pegaron en las estaciones del Ramal Roca, mediante los que se solicitaba la presencia ante la Justicia de quienes habían visto lo que pasó el 10 de enero de 2001.

"Marcelina subió alrededor de las 9.05 en la estación de Ezpeleta. Ella quedó parada, con el bebé en la espalda, y cargada de bolsos, a metros de la puerta que da al espacio que hay entre vagones. Cuando se acercaban a la estación Avellaneda, antes de la curva que pasa frente al estadio de Independiente, ella se acomodó para enfilar a la salida y en ese movimiento rozó, con los bolsos, el hombro de un pasajero de unos 65 años, de saco marrón, que le gritó: '¡Boliviana de mierda! ¡No mirás cuando caminás!'. La mujer calló. Giménez intervino: 'Che, tengan más cuidado, es una señora con un bebé';. Y continuó un segundo pasajero: 'Qué defendés vos, si estos bolivianos son los que nos vienen a quitar trabajo'", reveló.

Desde el fondo apareció un guardia. Se había formado la fila para bajar. El uniformado avanzó hasta que escuchó la discusión y los insultos xenófobos. '¡Uh! ¡Otra vez estos bolivianos haciendo quilombo! ¡Me tienen podrido! ¡Yo me las tomo!', dijo el guardia. 'Fue una cosa de segundos. Se había sumado otra gente. Hubo más insultos y escucho que uno que estaba de ropa de Grafa le dice a un compañero: ¡Uy, Daniel, la puta que te parió, la empujaste!'. El testigo asegura que entonces el tren se detuvo".

Desde el comienzo, la empresa ferroviaria TMR desmintió a Giménez y sostuvo que Meneses murió al ser rozada por el tren cuando caminaba junto a las vías del Roca, entre las estaciones de Avellaneda y Gerli.

Marcelina de 30 años y nacionalidad boliviana estaba casada con el albañil Froilán Torres, con quién vivía en la localidad de Espeleta y tenía otro hijo de 3 años. Su esposo llevó adelante la intensa búsqueda de testigos del asesinato de su compañera y su pequeño hijo. A pesar de las adversidades, y de los malos tratos que debió sufrir por ser migrante, nunca bajó los brazos a pesar que las muertes de Marcelina y su bebé aún continúan impune.Ella Trabajaba como repositora de un supermercado y había llegado a la Argentina en 1996.