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El papel de las sustancias que al unirse a las fórmulas de la vacunas tienen la capacidad de incrementar la respuesta del organismo humano al ser inoculado.

 

 

El adyuvante hace que la vacuna llegue a más lugares dentro del cuerpo y que obviamente atraiga difereAplicar

ntes componentes del cuerpo humano y así eventualmente activa las diferentes células inmunológicas. De ahí que como en otros casos, son un elemento importante para el desarrollo de las vacunas para tratar el Covid-19 que ya dejó como saldo más de 20 millones de contagios en todo el mundo y más de 700 mil muertos, además de un cambio total de hábitos de vida diarios en toda la humanidad.

 

Vladímir Putin anunció este martes que Rusia ya tiene una vacuna probada y registrada con el coronavirus- la Sputnik V, y también otros países avanzan en su descubrimiento contrarreloj para crear las suyas. Hay más de 160 estudios pre clínicos que están en marcha, pero menos de diez en una fase avanzada. Esto lo informó la Organización Mundial de la Salud teniendo registros de inicios de agosto.

 

Justamente también en Argentina Alberto Fernández el presidente de la nación, dio una conferencia de prensa junto al ministro de Salud de la nación Ginés González García y la secretarías de acceso a la salud que es Carla Visotti acerca de que se fabricará la vacuna desarrollada por la universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca en Argentina y que su costo será de entre tres y cuatro dólares y será producida para Latinoamérica en un total de, entre 150 y 250 millones de vacunas, con excepción de Brasil.

 

Estará disponible para el primer semestre del 2021, y va a ser distribuida equitativamente entre los países que la demanden. Esto sea un acuerdo entre el laboratorio AstraZeneca con la fundación.

 

Pero volviendo a lo que a la función de los adyuvantes y su importancia que es mucha. Una vacuna está compuesta por 3 elementos básicos que son el antígeno, los adyuvantes y los preservantes. Una vez que la dosis ingresa al cuerpo causa una reacción del sistema inmunitario que intenta proteger el resto del cuerpo enviando glóbulos blancos que producen los anticuerpos para contener la infección. Así cuando un virus intenta nuevamente ingresar por cuenta propia el organismo, los anticuerpos, saben cómo actuar en su contra y eliminarlos.

 

Las bacterias, entonces en una vacuna debilitadas, se introducen en un paciente a menudo por inyección. Los glóbulos blancos se activan para la producción anticuerpos que combaten la enfermedad, y de esta manera un paciente si sufre una enfermedad más adelante los anticuerpos neutralizan las células invasoras. En este proceso los adyuvantes tienen dos propósitos, amplificar la señal, y al mismo tiempo guiarlas para que traiga la respuesta correcta a las células correctas. Esto explican los especialistas acerca de la función de los adyuvantes, el problema es que durante prácticamente todo el siglo XX hubo un adyuvante que se empleó prácticamente en todos las implementaciones de vacunas, sales de aluminio que también son conocidas como alumbres y sigue siendo el ayudante más conocido, uno de los más fabricados hasta la fecha. El resto a fines de la década del 90 fue que las farmacéuticas empezaron a desarrollar otras alternativas y como ocurrió como con otros medicamentos patentados estos adyuvantes fueron asegurados en registros de propiedad privada. Si los adyuvantes son experimentales de propiedad privada o de alto costo va a ser difícil que sean accesibles para los países de bajos recursos.

 

Este es el problema que se está evidenciando con este tema y si se desarrollan adyuvantes nuevos estos deben ser probados y certificados por autoridades médicas que es un inconveniente en la situación que exige urgencia como esta pandemia actual que estamos viviendo. Recordemos que en la historia la que más rápido se ha licenciado es la vacuna contra las paperas, y demoro cerca de 5 años, pero con el coronavirus ha pasado totalmente distinto e inédito, están intentando hacerlo entre 12 y 18 meses. Esto lo declaro Eduardo Ortega que es vicepresidente y director de investigación clínica para Latinoamérica de la firma británica CCK y uno de los mayores fabricantes del mundo y explica que el tiempo usual para tener una vacuna es de 10 años, algo totalmente distinto a lo que está pasando con la vacuna contra el coronavirus y la urgencia con la que se están realizando las investigaciones.